El dato ya no admite matices: el calor extremo se ha instalado en España y golpea con más fuerza cada verano. Frente a él, la mayoría de municipios sigue improvisando en solitario. Hay una forma mejor —y más barata— de responder.
El termómetro de una emergencia
No es una sensación. Es un dato. La primera mitad del verano de 2026 —del 1 de junio al 15 de julio— ha sido la más cálida en España desde 1961, con la temperatura 3,3 °C por encima de la media del periodo 1991-2020, según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Es el registro más alto de la serie: supera en cuatro décimas al de 2024.
Y no es un pico aislado. Las olas de calor se han duplicado: entre 2001 y 2025 AEMET contabilizó 91 episodios en todo el territorio, frente a los 43 del cuarto de siglo anterior. También duran más y se extienden a más provincias cada década. Lo excepcional se ha vuelto rutina.
El calor mata, y sabemos a quién
El calor extremo no es solo incomodidad. En el verano de 2025, el Sistema de Monitorización de la Mortalidad (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III estimó 3.832 muertes atribuibles al exceso de temperatura en España: un 87 % más que en 2024. Solo 2022 fue peor.
Detrás de esa cifra hay un rostro claro. El 96 % de esas muertes fueron personas mayores de 65 años, y dos de cada tres, personas mayores de 85. El calor golpea con más fuerza a quien menos puede defenderse: personas mayores que viven solas, con movilidad reducida o sin una vivienda fresca. Proteger a las personas mayores del calor ya no es una campaña de verano; es una política de primer orden.
A ese riesgo se suma la ciudad. Las zonas urbanas concentran asfalto, tráfico y poca sombra, y forman islas de calor que pueden estar 1,5 °C más calientes que su entorno. Según un estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) publicado en The Lancet, más del 4 % de la mortalidad estival en las ciudades europeas se debe a ese efecto.
El calor no entiende de términos municipales
Aquí está el fallo de fondo. Frente a un problema que se mueve por el territorio —el aire caliente, la falta de sombra, la huerta que se seca— seguimos respondiendo municipio a municipio. Un refugio climático en un pueblo no refresca al de al lado. Un mapa de vulnerabilidad hecho por un solo ayuntamiento se queda en el límite del término. Y las convocatorias europeas y estatales premian cada vez más la escala y la mirada de conjunto.
El calor no entiende de términos municipales. La respuesta tampoco debería.
La adaptación al calor es, por naturaleza, supramunicipal. La escala que funciona es la de la comarca: varios municipios que comparten clima, huerta y problemas, y que pueden compartir también la solución.
Un modelo a escala metropolitana
¿Qué forma tiene esa solución? La de una red, no la de una obra suelta. Un modelo de resiliencia climática metropolitana se apoya en cinco piezas que se refuerzan entre sí.
- Refugios interiores y exteriores
- Sombra, fuentes y zonas verdes
- Una sola red señalizada para toda la comarca
- Islas de calor y déficit de arbolado
- Población más expuesta
- Rutas seguras y prioridades de inversión
- Corredores verdes entre municipios
- Más arbolado y especies adaptadas
- Drenaje sostenible y biodiversidad
- Emisiones, superficie verde y refugios
- Árboles plantados e islas de calor
- Seguimiento público y continuo
- Ciudadanía y escuelas
- Cultura del refugio y del cuidado
- Continuidad más allá de la ayuda
La pieza más rentable es la más antigua: los árboles. El mismo estudio de ISGlobal calcula que llevar la cobertura arbórea al 30 % evitaría una de cada tres muertes por isla de calor. Un árbol bien colocado baja la temperatura de la calle en torno a 1,3 °C. La infraestructura verde no es paisajismo: es salud pública que, además, gestiona el agua y devuelve biodiversidad.
Qué se puede hacer ya (y con qué)
La adaptación no es un horizonte lejano; es una hoja de ruta que empieza por medir y termina por sostener.
Y hay con qué financiarlo. El Estado ha abierto una convocatoria para impulsar la Agenda 2030 en las entidades locales, con casi 6 millones de euros en total, hasta 250.000 € por proyecto y financiación de hasta el 100 % sin cofinanciación. Entre las entidades que pueden pedirla están, expresamente, las mancomunidades y las agrupaciones de municipios. El plazo, eso sí, es corto: se cierra a principios de agosto. Las comarcas que quieran dar el paso tienen la ventana abierta ahora mismo.
Las comarcas pueden marcar el camino
Hay territorios especialmente bien situados para liderar. Comarcas y áreas metropolitanas, con varios municipios pegados unos a otros y cosidos por la huerta, tienen la escala exacta para convertir el calor extremo en una oportunidad de transformación: una red de refugios que se comparte, un mapa de vulnerabilidad común y una infraestructura verde que no se detiene en la frontera de cada pueblo.
El calor seguirá subiendo. La pregunta ya no es si hay que adaptarse, sino quién será el primero en hacerlo bien. Y en adaptación climática, llegar primero es también marcar el estándar para los demás.
Imedes es una consultora ambiental especializada en sostenibilidad y adaptación climática. Este reportaje refleja su visión técnica sobre cómo afrontar el calor extremo a escala local; no sustituye el asesoramiento de cada administración ni constituye una recomendación comercial.
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Fuentes: AEMET (balance del verano 2026) · Sistema MoMo, Instituto de Salud Carlos III, y Ministerio de Sanidad (mortalidad atribuible al calor, 2025) · ISGlobal / The Lancet Planetary Health (islas de calor y cobertura arbórea) · Convocatoria de subvenciones para el impulso de la Agenda 2030 en las Entidades Locales (BOE-B-2026-23632). Enlaces: AEMET · Ministerio de Sanidad · ISGlobal · BOE.