Una plataforma desarrollada por Imedes permite a vecinos y vecinas reservar la recogida de restos de poda y enseres en tres minutos. Detrás de esa sencillez hay un objetivo menos visible: ordenar la demanda para que los camiones dejen de circular medio vacíos y los puntos negros de vertidos pierdan su razón de ser.
Cualquiera que haya tenido que deshacerse de un sofá viejo o de los restos de podar el jardín conoce el punto de fricción. Hay que averiguar a quién se llama, cuándo pasan, dónde se deja. Y cuando la respuesta no llega rápido, el mueble acaba en la acera, junto al contenedor, a la espera de una recogida que tarda. Multiplicado por un municipio entero, ese pequeño desorden cotidiano se convierte en un problema caro: rutas mal aprovechadas por un lado y montañas de enseres abandonados por otro.
Sobre ese doble problema trabaja Recogida a la carta, la herramienta digital que Imedes ha desarrollado para concesionarias de servicios de limpieza y administraciones públicas. La idea es sencilla de enunciar y tiene consecuencias que no lo son tanto: si la ciudadanía pide cita en lugar de sacar los enseres cuando le viene, el servicio sabe de antemano qué tiene que recoger, dónde y qué día. Y lo que se planifica, se optimiza.
El coste invisible de los viajes en vacío
El problema de fondo es de logística. Casi el 40 % de los vehículos de carga circulan vacíos, sin nada que transportar, quemando combustible y emitiendo CO₂ que podría evitarse. En la recogida de voluminosos, donde la demanda es irregular y poco previsible, ese desperdicio se dispara: un camión sale a una ruta fija sin saber si tendrá una recogida o diez.
La factura ambiental de ese movimiento es medible. Un estudio de la Universidad Politécnica de Madrid cifró en 963 gramos de CO₂ por kilómetro la huella media del transporte de residuos urbanos en la capital, que recorre más de diez millones de kilómetros al año. Cada kilómetro que un camión hace en vano tiene, por tanto, una traducción casi directa en emisiones. Reducir los viajes en vacío no es una mejora cosmética: es la palanca ambiental más grande de todo el servicio.
El otro coste es el de los vertidos. Cuando recoger un mueble es complicado, el mueble se queda en la calle, y donde aparece uno aparecen diez. Los municipios lo saben bien. Castelló ha identificado 72 puntos negros de vertidos incontrolados y solo en un mes retiró más de 230 toneladas de residuos abandonados, con un sobrecoste para las arcas municipales superior a los 38.000 euros. Torrent retiró cerca de 600 toneladas en cuatro meses. Son recursos públicos que se van en limpiar lo que un buen sistema de citas habría evitado.
Cómo funciona
La herramienta se apoya en tres piezas que encajan entre sí.
La reserva ordena la demanda; el panel convierte esa demanda en rutas eficientes; la comunicación garantiza que el sistema se adopte. No es tecnología por la tecnología: es logística aplicada a un servicio público.
Quién ahorra, y cuánto
Aquí conviene ser preciso. Imedes ha modelizado el impacto para un municipio medio y la estimación resulta llamativa, pero hay que leerla por lo que es: cifras de simulación, no de auditoría, que dependen del tamaño y las características de cada municipio. La lógica que las sostiene, en cambio, es robusta: menos kilómetros en vacío, menos vertidos extraordinarios que limpiar, atención disponible las 24 horas sin ampliar plantilla, flota ajustada a la demanda real y trazabilidad que evita penalizaciones contractuales.
El ahorro tiene dos destinatarios distintos. Para las concesionarias y adjudicatarias, es margen directo dentro de contratos ya cerrados, y un argumento de innovación que puntúa en las próximas licitaciones. Para las administraciones, es presupuesto que no se gasta en limpiar puntos negros y un servicio que la ciudadanía percibe como mejor. El modelo comercial separa una implantación única de una cuota de gestión mensual.
El beneficio que se nota en la calle
Por debajo de las cifras hay algo más difícil de medir y más fácil de percibir. Un servicio público de recogida que funciona bien es uno de esos detalles que define cómo se vive en un municipio. La acera sin el sofá abandonado, el contenedor sin la montaña de poda al lado, la sensación de que pedir una recogida es tan fácil como reservar cualquier otra cosa por internet.
Para quien gestiona el servicio, ese es el verdadero retorno: menos quejas, menos vertidos, menos kilómetros y menos emisiones, todo a la vez y por la misma vía. La eficiencia logística y la calidad ambiental, que tantas veces se presentan como una disyuntiva, aquí tiran en la misma dirección. Ordenar la demanda es, al final, la forma más barata de cuidar el aire y la calle.
Cuando la ciudadanía pide cita en lugar de improvisar, el camión deja de salir a ciegas. Esa es toda la idea: convertir una molestia cotidiana en un dato que planificar.
Recogida a la carta es un servicio desarrollado y comercializado por Imedes. Este artículo lo recoge como caso de estudio sobre eficiencia en los servicios de recogida, no como recomendación comercial. Las cifras de ahorro y retorno proceden de la modelización propia de Imedes para un municipio tipo y deben validarse para cada caso concreto.
Fuentes: «Inventario de emisiones de GEI en el transporte de residuos municipales de Madrid», Archivo Digital UPM. Datos municipales sobre vertidos incontrolados de Castelló (mayo de 2026) y Torrent. Ley 7/2022, de residuos y suelos contaminados para una economía circular.